| El mantel y el telón, un proyecto interactivo de Jacobo Castellano en Artium Vitoria. |
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| Escrito por Ángel M. Acalá |
| Viernes, 30 de Julio de 2010 12:40 |
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El espectador suele contemplar la obra de arte en amplias galerías blanqueadas que permanecen en constante silencio y le inducen a la quietud y el sosiego. Lo que observa en un principio es una pieza ya terminada en un entorno plácido que facilite reflexionarla con tranquilidad, pero en ocasiones tal quietud es en realidad ruido, cuando interfiere en el mensaje de obras que justamente quieren transmitir fuertes sensaciones latentes prestas a la explosión emocional o ética. El silencio de la galería nos induce a pensar que la obra debe ser objeto de una sesuda reflexión académica, cuando a veces la reflexión no debe ser tan importante como dejarse arrastrar por las emociones. En el caso de estas obras tan emocionales, la tranquilidad de la galería es el punto contrario a la vitalidad del intenso y febril proceso creativo, el itinerario que recorre el artista hasta llegar a la meta, a la obra acabada, y en casos como el que nos ocupa este viaje es una odisea llena de imprevistos y nuevas vías que pueden aparecer de pronto y afectar al destino que se esperaba en un principio. Como se suele decir coloquialmente, lo importante del viaje no es tanto la meta como lo vivido en el trayecto. Para profundizar en la importancia del proceso de creación, el Museo Artium de Vitoria organiza anualmente el proyecto Praxis, una iniciativa enfocada a valorar la figura del artista por encima de la de la obra en sí mediante un ejercicio de carácter improvisativo que se basa en valores como el reciclaje, lo procesual, lo relacional y, sobre todo, la acción directa y el Do it yourself (“hazlo tú mismo”). En Praxis, la exposición se inaugura antes de que el artista empiece a crear la obra. El público tiene la oportunidad de asistir al proceso creativo desde el principio mismo, desde el nacimiento de la primera idea, y observarlo como un elemento artístico más que experimentar. Así puede sacar sus propias conclusiones sobre el devenir de la creación e, incluso, puede alterar el desarrollo intercambiando impresiones con el artista. El proyecto de esta ocasión recibe el título de El mantel y el telón y es obra del artista Jacobo Castellano (Jaén, 1976), un creador que investiga con sus obras los recovecos de la memoria y el espacio habitable como lugar de conflicto. La idea que motiva este trabajo le nace de un viaje a Nueva York, hace aproximadamente un año, cuando visita un viejo y descuidado circo en Conney Island que parece sacado de una película de Tim Burton . Allí tiene oportunidad de contemplar a la supuesta mujer más pequeña del mundo, que resulta un ser descuidado y de aspecto enfermizo, en concordancia con la grotesca decadencia de todo el circo. La visita produce en Castellano una angustiosa sensación de degradación y malestar, y termina por sugerirle una reflexión acerca del morbo que produce en los humanos ver el mal ajeno, de como el hombre es, en el fondo, un ser egoísta y cobarde que busca consuelo a los traumas propios menospreciando los de los demás. Éste es el punto de partida de El mantel y el telón, las lecturas que tiene el lado monstruoso del circo como escaparate bufonesco de seres anómalos y marginales. Cuando la exposición se inauguró, en la sala sólo había una serie de materiales -en su mayoría objetos encontrados- para realizar las obras que surgieran, una placa en blanco que servía para resaltar que aún no había nada que inaugurar, y un fax y un ordenador para el intercambio de ideas. Al principio, Jacobo Castellano envió una serie de dibujos y un texto a diez personas implicadas, que debían corresponderle con información en forma de dibujos, textos o esquemas de cualquier tipo sobre lo que la documentación inicial les sugería. A su vez, estas personas podían enviar la documentación a quien quisieran para obtener nuevas sugerencias, y el público asistente podía también participar con sus ideas conforme las obras se iban desarrollando. A partir de aquí, el artista selecciona las ideas que le resultan más interesantes y comienza a trabajar en darles forma con los materiales de los que dispone, pero el proceso continua abierto a cambios mientras la pieza no se da por acabada. El sentido de las obras cambia de dirección a cada momento y el resultado final puede tener poco o nada que ver con la idea inicial del autor. Con esta metodología, el público puede apreciar en profundidad el valor del proceso creativo, tanto desde la vertiente voyeur como participando activamente en él. Las continuas intervenciones de los espectadores son una representación de las propias contradicciones o nuevas ideas que surgen en la mente del artista a medida que la obra crece, se va expresando por sí misma y decide su propio camino. El proceso de creación comenzó el 14 de junio y ha finalizado el 30 de julio. Desde entonces y hasta el 5 de septiembre se mantendrá abierta una exposición con las obras que han surgido: varias instalaciones de tamaño medio o pequeño y una colgante de grandes dimensiones. Existe además, un fanzine que recoge la documentación que ha servido para dar forma al proyecto. La muestra estará abierta al público en
Las imágenes superiores son parte de la documentación enviada por el artista.
S/T, 2010, madera, tela, latón y cuerda. 95 x 130 x 105 cm.
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