Yayoi Kusama en el "Reina Sofía"
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Escrito por María Jesús Abad Tejerina   

YAYOI KUSAMA  Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

YAYOI KUSAMA

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Esta exposición de la artista japonesa comienza en Madrid para continuar su itinerancia en los museos Tate Modern, Londres: 9 de febrero de 2012 - 5 de junio de 2012 Whitney Museum, New York: junio de 2012 - septiembre de 2012.

Es la primera retrospectiva dedicada a la artista está comisariada por Frances Morris, jefa de colecciones internacionales de la Tate Modern.

Yayoi Kusama es una artista multicisciplinar en búsqueda del infinito al que representa por medio de la acumulación y la repetición.

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Yayoi Kusaba La mente de los artistas explicada con las imágenes de toda una vida productiva es un tesoro. Esta muestra correctamente montada -quizá- demasiado lineal y formalista para mantener un buen diálogo, una conversación visual, coherente con la producción de la artista. No se trata de un reproche –más bien- de un gusto por “sacar un pie del tiesto” bajo la influencia de la obras, que pienso serviría al espectador a sumergirse en el mundo, particular, maravilloso, cargado de sensaciones, propuestas y libertad de Yayoi. La formalidad encorsetada tradicional beneficia una lectura historicista pero levanta un muro ante el lector de imágenes sensible.

Sus obras responden a gestos repetitivos que según ella argumenta están fundamentados en experiencias psíquicas de su infancia que ella misma relata: “Un día estaba mirando el mantel de patrón de flores rojas en una mesa, y cuando miré hacia arriba vi al patrón cubriendo el cielo, las ventanas y las paredes, y finalmente toda la habitación, mi cuerpo y el universo. Me sentí como si hubiera empezado a olvidarme de mi existencia, a revolverme en la infinidad del tiempo y lo absoluto del espacio, y ser reducida a la nada. Cuando me di cuenta de que estaba sucediendo en realidad y no solo en mi imaginación, me atemoricé. Sabía que tenía que correr o sería privada de mi vida por el hechizo de las flores rojas. Corrí desesperadamente arriba por las escaleras. Los peldaños atrás de mi comenzaron a deshacerse y caí rompiéndome un tobillo”[1] 

Pinta, esculpe, dirige cine, hace instalaciones y performances, escribe, compone música…todo desde su particular modo de ver el mundo. Comenzó a pintar a los 10 años cuando empezó a tener alucinaciones. Estudio pintura Nihonga un estilo riguroso formal, que se desarrolla durante el período Meiji japonés queda arraigado a su trabajo artístico. Actualmente esta internada en una clínica cerca del estudio donde trabaja. Es un ejemplo de cómo se puede gestionar la enfermedad mental.

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Se trasladó a Nueva York (contexto artístico internacionalizado) pensando que sería mejor entendida y tendría más libertad de expresión. Aunque ella se autodefine como artista vanguardista su obra se puede incluir en varios movimientos artísticos: Surrealismo, Pop, Minimalismo, Feminismo… una de sus “marcas” son los lunares de los que dice: “...Un lunar tiene la forma del sol, que es símbolo de la energía del mundo entero y nuestra forma de vida, y también es símbolo de la luna, que es calma. Redondo, suave, colorido, sin sentidos ni conocimientos. Los lunares se convirtieron en un movimiento... Los lunares son una forma de llegar a la infinidad”[2]

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Entre sus instalaciones más bellas e intimas se encuentra “I’m Here, but Nothing” (Estoy aquí pero nada). Antes de entrar vemos, una parte de la instalación por el hueco destinado al acceso, está bastante oscuro. Tenemos la sensación de que cientos de pequeñas luces se proyectan en el interior de una vivienda. Entramos y vemos que se trata de la reproducción exacta del interior de un piso de ciudad con los elementos comunes repetidos en este tipo de vivienda de clase media. Pequeños círculos de colores fluorescentes iluminados por luz negra, que repartidos por todos los elementos de la habitación, crean una inquietante sensación de estar dentro de un no lugar de haber penetrado en un dibujo manga o en el decorado cinematográfico de una película.

La “estrella” de la exposición es la instalación Infinity Mirror Room una obra exquisita donde reúne todas las particularidades de sus obras: el infinito, las estéticas orientales, la acumulación, la exaltación del “yo” materiales fríos y cálidos.

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Infinity Mirror Room, espejos agua, y pequeñas bombillas suspendidas a diferentes altura enfrentan al espectador a su propio yo en medio de la inmensidad del universo, de la belleza, del bien, del mal. En definitiva la culminación de la obra de Yayoi, la comunicación de su objetivo de mayor calado: hablar de la vida y de la muerte. 

María Jesús Abad Tejerina

Imágenes: María Jesús Abad Tejerina

 

Hasta el 12 de septiembre de 2011

Organizado por Museo Reina Sofía y Tate Modern